El reggaetón de C. Tangana y el folclor urbano

El Madrileño, el último disco de C. Tangana, nace en Madrid, pero pasa en todos los barrios pobres de Latinoamérica y España. Los olores a guiso y en la radio suena una tonada… Toda una cultura musical rica y compleja, folclor urbano que aparece en el crisol del extrarradio urbano, donde hoy también convive el reggaetón, el flamenco, el tango, el son, etc.

En El Madrileño caben todas las historias sencillas y la música popular de todas las épocas contada y cantada con ritmos que van desde el reaggeton o la bachata, pasando por el corrido mexicano, el flamenco, la bossa nova y el funk. Sin teorías complejas. Letras fáciles, como la de la canción ’Los tontos’, en la que participa Kiko Veneno. ‘Tú te has creído que por ser yo bueno puedes ir pisando por donde friego (…)’. Simplicidad en la forma de contar, aunque mucha complejidad en la situación narrada, porque a las buenas gentes nunca les gustó enfadarse o caer en la tentación de envolver cada circunstancia difícil en brillos de grandilocuencia indescifrable. Cuando uno quiere que le entiendan, habla como come, tal y como recomiendan en Italia.

«Nos invita a acercarnos a los que siempre están y estuvieron al margen de la cultura que merecía el oropel»

Tú me dejaste de querer’, con la participación de La Húngara y El Niño de Elche, es seguramente la canción insignia del disco. ‘Tú me dejaste de querer cuando te necesitaba, cuando más falta hacía, tú me diste la espalda’, se lamenta C. Tangana con un ligero retoque de auto tune en la voz. ‘Dime en quién piensas cuando te acuestas, porque yo pienso en ti’, prosigue, mientras un coro reproduce un sample de la canción ‘Son ilusiones’ de Los Chichos. El single del popular grupo también triunfaba en los vecindarios de muchos barrios allá por los 80. Esa mezcla de sonidos y épocas, de artistas jóvenes y grupos ya desaparecidos es una muestra del viaje a todas partes y a cualquier momento de la historia musical en el que se embarca El Madrileño.

Los Chichos

En su disco, C. Tangana recupera canción a canción a artistas, grupos y sonidos que quedaron relegados a una subcultura musical de barrio, esa que los vecinos de Vallecas, en Madrid, o Bellvitge, en Barcelona, escuchaban en la radio y compartían con toda la escalera a través de sus patios de luces, igual que hacían con los chismorreos, la vista de su colada o los olores de sus guisos. Una cultura musical que se grababa a fuego en la amígdala de los habitantes de esos barrios, ya fueran niños, jóvenes o abuelos, pero que a algunos les avergonzaba reconocer e identificar cuando salían del barrio. ‘¿Los Chichos? Sí, alguna canción de ellos he oído, pero no creas…’. La cultura que no goza del reconocimiento de las élites suele pagar ese peaje.

Resignificar el mensaje

El Madrileño se arriesga a dar visibilidad y a homenajear esa cultura que creció en lugares donde, hace décadas, muchos de los no residentes no se atrevían a poner un pie. C. Tangana se asoma a todos esos sitios y los saluda a ritmo de son cubano y de rumba catalana, por ejemplo, versionando partes de la canción ‘Lola’, que El Pescaílla dedicó a su esposa, Lola Flores. Eliades Ochoa canta un trozo de esa espectacular pieza en ‘Muriendo de envidia’, una mezcla perfecta de ritmos mediterráneos y caribeños que se convierte en uno de los temas más potentes del disco.

«Donde se resignifican los mensajes, las letras, los sonidos de otro tiempo y su contexto»

El Madrileño homenajea a los vapuleados en ‘Los tontos’, a los que nunca tuvieron nada y cuando empezaron a tenerlo se les pidió que cambiaran, en ‘CAMBIA!’ y a las generaciones pretéritas a lo largo de todo el álbum. C. Tangana es una de esas voces que han sabido mirar de otra forma las realidades alejadas de los focos, del formalismo y de la seriedad de cierta otra cultura. El Madrileño ofrece un valor y un hilo conductor a las pequeñas historias de la gente normal, en un viaje lleno de desparpajo por cualquier ritmo o estilo musical, donde se resignifican los mensajes, las letras, los sonidos de otro tiempo y su contexto, donde se les dota de una presencia y un reconocimiento para el gran público que llega muchos años después, ya que hablamos de viajes en el tiempo. Se trataría de aventurarse a difundir con honores la cultura y la expresión que enamoraba en los barrios obreros hace décadas, llevarlos al mainstream y lograr el reconocimiento de todos, incluso de aquellos que en su día se lo negaron. 

El chico malo se hizo mainstream

Los chicos malos del barrio a veces solo son populares allí, en su barrio. Antón Álvarez Alfaro, C. Tangana, igual que otros cantantes de su generación como Rosalía, han conseguido que esos límites vuelen por los aires. La música de C. Tangana, su voz y sus letras ya fueron acogidas por el mainstream hace mucho y hoy, la crítica y el público lo celebran.

El Madrileño es un disco de consagración que nos habla de la vida del artista hoy, de sus situaciones cotidianas, nada habituales para la inmensa mayoría. Pero también nos recuerda un origen, el de los que nunca cuentan ni contaron para nada, ni son ni fueron protagonistas de ninguna historia, nos invita a acercarnos a los que siempre están y estuvieron al margen de la cultura que merecía el oropel, el reconocimiento y la admiración oficial. Y la cuestión es que hay buenas historias escondidas en esos barrios, en esos otros lugares de los que no se suele hablar. 

Las historias que nos conmueven, que nos hacen pensar o reír, no son solo las que nos explica desde la gran pantalla un señor de 85 años nacido en Brooklyn, al que le encanta el jazz y que suele rodar en los barrios más pijos de Nueva York. Las historias que vale la pena contar al gran público también las protagonizan personas jóvenes de Portugalete, Barranquilla o Rosario, con su vocabulario, sus sonidos y sus preocupaciones. Algo así nos dice el propio C. Tangana en la canción con la que cierra El Madrileño, ‘Hong Kong’: ‘historias que jamás pueden contarse. Batallas que no pueden repetirse. Espero que esto dure para siempre. Sabemos qué es torear en peores plazas’.

Barrio de Bellvitge en Barcelona

El Madrileño es como un vecindario donde unos cuantos se arrancan para cantar y mezclar todo lo que son, que siempre es mucho más de lo que es cada uno por separado. En esa mixtura de diferentes sonidos y ritmos resuenan las canciones de los suburbios de todos los tiempos, de todos los rincones del mundo.

En las comunidades en las que hay personas de distinta procedencia y edad, cada uno nombra el mundo con su acento, lo sobrelleva con su gastronomía y lo comprende con sus refranes o con sus canciones. No sentirse de allá donde salieron tus padres, o del lugar a donde llegaron ni de ningún otro también es un punto de partida.

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