Estado de pandemia: Coronavirus
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¿Y si todo sale mal?: 12 Monos y la pandemia

12 Monos de Terry Gillian ha pasado desapercibida frente a Contagio de Soderbergh, por ejemplo. Y es que, la primera, más que percibir la fragilidad del momento apunta a que el futuro no será el regreso a la normalidad.

Hay un poema de Robert Frost que habla del “camino no tomado”. También hay un dicho popular que reza que el camino menos transitado es menos transitado por alguna razón. Pero en ambos casos existe la voluntad, se toma el camino. La coyuntura del coronavirus simplemente nos obliga a transitar por un camino (o no transitar en medio de las medidas de mitigación), pero que en paralelo ha activado de parte de políticos y científicos las labores para contener y vencer el virus, mientras que académicos, economistas y empresarios se plantean las estrategias para la reactivación futura y volver a “la normalidad”. En el otro extremo se encuentra el público, las audiencias, las que hoy aplauden a las ocho de la noche al personal sanitario, mañana comienzan cacerías al estilo Cormac McCarthy con quienes no respetan las medidas de restricción según criterios individuales muy peculiares y pasado mañana, que se comprimen en meses, apuntan a ser divertidos aunque no siempre con éxito.

«Sólo hay dos tragedias en la vida, una es no obtener lo que se desea y la otra es obtenerlo «

Oscar Wilde

Pictoline trató de resumir la situación en la idea de suspensión del futuro de Martín Caparrós y plantea los cambios eventualmente positivos que habrá en nuestra forma de asumir nuestra vida tras la lucha contra la pandemia, porque hemos experimentado la fragilidad de todo aquello que hasta enero aproximadamente nos era certeza. Habría que preguntarnos si Marx se hubiera regocijado al ver que, efectivamente, todo lo sólido podía desvanecerse en el aire. O suspenderse, al menos.

Lo que me ha sorprendido es que la mayoría de los enfoques  ̶ con excepción de la visión de los preppers, aquella legión de fanáticos que esperan el fin del mundo y pasan la vida haciendo manuales de supervivencia, entre refugios y provisiones amontonadas ̶  plantea esta situación como un obstáculo que en algún punto se va a superar. Lo creen con fervor. Pero, ¿y si no fuera así?

¿Y si todo sale bien?

Vuelvo al pictoline de Caparrós. Vuelvo a la fragilidad. Pero primero retrocedo a una de mis lecturas fundamentales como lector, escritor y profesor de escritura creativa: El Gran Gatsby. El encanto de la novela de Fitzgerald es que en lugar de mostrar como tantas otras historias el camino hacia el “sueño americano”, se planteó la siguiente pregunta más interesante: qué pasa si se alcanzan las riquezas, el reconocimiento, la libertad que da la despreocupación del día a día laboral, pero eso resulta no ser suficiente.

» ¿Hay o no mundo como lo conocemos sin la intervención del hombre? «

Wilde decía que sólo hay dos tragedias en la vida, una es no obtener lo que se desea y la otra es obtenerlo. Jay Gatsby, con excepción de Daisy, consiguió todo lo que quería. Incluso tenía las herramientas para no ser intimidado por Tom y su abolengo, su apellido, su formación de universidad costosa. Pero Gatsby siempre me recuerda que las cosas pueden salir mal. No basta ver la luz verde de donde vive Daisy, no basta con sentir el sueño tan cerca que parece al alcance. Como comenta Nick Carraway, el narrador de la novela, puede que no nos estemos dando cuenta de que el sueño lo hemos dejado atrás y que vamos como barcas un tanto a la deriva.

Gilliam me contó que todo puede salir mal

Si de algo me he sentido orgulloso de este comportamiento durante estas medidas de mitigación de la pandemia es que no he sufrido las curiosas transformaciones de varios amigos. Algunos se han convertido en epidemiólogos, de quienes me asombra la propiedad con la que describen el virus, la epidemia y las medidas a tomar. Aunque a decir verdad antes me asombraba más porque no había tenido oportunidad de ver Contagio (2011), de Steven Soderbergh. En este punto no puedo (ni pueden ellos) negar que mucho de su conocimiento tiene esta fuente. Otros se han vuelto activistas de las más variadas causas, con el extremismo que parece exigir el momento. Ver a personas que “celebran” que “con los humanos confinados la naturaleza ha vuelto a tomar su cauce” para mí sólo tiene dos explicaciones: o son estúpidos o no han visto 12 Monos (1995) de Terry Gilliam.

Twelve Monkeys (1995), película de Terry Gilliam

La estupidez la resumo en que el confinamiento es insostenible como medida permanente y que volvemos al árbol en el bosque y su sonido cuando no hay testigos: ¿suena o no suena? ¿hay o no mundo como lo conocemos sin la intervención del hombre? Les recomiendo sincera y contundentemente que busquen apuntes de cuarto grado de primaria en los que se explican las diferencias entre el paisaje natural y el paisaje cultural. Hay tiempo para estas lecturas.

12 Monos es la razón de ser de esta larga nota. Gilliam, sí, el mismo que con Monty Python me hizo reír una y otra vez, me enseñó que a veces la modernolatría que mostró Soderbergh en Contagio no es el único camino. Que a veces hay un virus y el final no es el de una vacuna, que si bien tenía la limitación de que no podía atender toda la demanda, existía y era efectiva. Que a veces sólo queda replegarse bajo la tierra y la única alternativa es desarrollar una tecnología de viaje en el tiempo a ver si se puede detener la propagación antes de que comience. ¿Viste 12 Monos y todavía te alegra la naturaleza recuperando su cauce? Mírala bien y piensa que, entonces, estás en el bando de los que piensa que todo puede salir mal. Bruce Willis evitando al oso en una de las escenas del principio no te apoyaría.

«Tal vez nada volverá a ser lo mismo, pero no será automáticamente porque ‘vivimos la fragilidad’ «

He vuelto a ver varias veces 12 Monos. No recomendaría a las personas más sensibles que lo hagan. Pero sí les recomendaría a los más optimistas que se hagan preguntas más iluminadoras que el simple ¿cuándo vamos a volver a la normalidad? 

Extracto del cuento «El milagro secreto» de J. L. Borges

Lo que quiero decir, y en este punto lo creo, es que tal vez nada volverá a ser lo mismo, pero no será automáticamente porque “vivimos la fragilidad”. Esta manía de pensar que superaremos el obstáculo y seguiremos como veníamos, sospecho, nos está haciendo daño. Pensemos que todo puede salir mal como Hladík en El milagro secreto de J. L. Borges que, a la espera de su ejecución imaginaba su muerte porque: “la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un detalle circunstancial es impedir que éste suceda”. Y mientras tanto, como personajes de Kafka, sigamos las recomendaciones de los burócratas que parecen saber más tras los desastres en China y en Italia. 

Antes de poner punto y final debo decir que me siento orgulloso porque puedo asegurar que nada más lejos de este texto que un espíritu de manipulación para que la gente cumpla con las medidas de restricción. Sólo dejo la tarea de leer Kafka. Y el otro orgullo: que Manuel Andrés, Sofía Carolina y Lucía Carlota sepan que, en medio de la incertidumbre, yo no esperaba del futuro ninguna otra maravilla que no sea verlos crecer. Aunque todo salga mal.

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