WATCHMEN o el juicio a los Superhéroes

En Watchmen, Alan Moore se pasea por los arquetipos de los superhéroes que nacieron en el siglo XX impulsado por una pregunta: ¿Qué tal si ponemos a los superhéroes en un mundo realista? Un desastre. Como Cervantes con El Quijote o Flaubert con Emma Bovary, Moore enjuicia a sus creaciones desvelando su retorcida estructura moral.

Watchmen es la crónica de un crimen atroz. Es una ucronía exquisita y muy bien cuidada. Es una de las mejores 100 novelas de ciencia ficción del siglo XX. Es estructuralmente compleja y contiene una discusión filosófica de diferentes corrientes éticas. Es también una de las obras que ha trascendido su propio medio, para adaptarse al cine y la televisión (sin el consentimiento de Moore, desde luego).

En resumen, es uno de los mejores comic de héroes y superhéroes a la vez que una paradoja: no es una alabanza a estos personajes, sino más bien un juicio contra los arquetipos, sus motivaciones y los valores que encarnan en el mundo real, que no son más que romantizaciones infantiles de ideales morales.

 «Podemos emparentar esta novela gráfica con El Quijote de Cervantes»

Para demostrarlo Alan Moore, su autor, realiza un experimento digno de la novela naturalista de fines del siglo XIX: ¿Qué tal si ponemos a vigilantes y superhéroes en un mundo realista? El resultado es, bueno, desastroso, por más que los maquiavélicos, consecuencialistas y utilitaristas justifiquen el delito cometido por Ozymandias.

Desde aquí podemos emparentar esta novela gráfica con El Quijote de Cervantes, que es una novela de caballería que parodia las novelas de caballería, o con Madame Bovary de Flaubert, que es una novela romántica que parodia las novelas románticas de la época.

Alan Moore

El efecto buscado en todos los casos es delatar lo ridículo y afectados que serían estos personajes al humanizarlos con los defectos propios de esa condición: vanidad, egoísmo, inmadurez, autoritarismo y hasta fascismo. Estos aspectos contrastan con los valores propuestos por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras basado en el estudio del héroe del monomito (mito único del que nacen casi todos los mitos, incluyendo el de Prometeo, Buda, Mahoma, Jesús y Moisés, entre otros).

«El  superhéroe del que Moore nos habla (…) acepta su destino sin resistirse porque más bien lo anhela»

Este contraste se hace más evidente cuando el superhéroe de los comic subvierte la estructura propuesta por el arquetipo de Campbell: el héroe es de origen humilde, es llamado a la aventura de modo sobrenatural, que al principio rechaza, pero luego acepta con la ayuda de un maestro espiritual, como cuando en Star Wars: A New Hope Luke se niega a acompañar a Obi Wan a Alderaan para salvar a Leia porque tiene mucho trabajo que hacer.

El  superhéroe del que Moore nos habla, en cambio, sale a la aventura porque busca “justicia” por su propia mano (juez, jurado y ejecutor) y acepta su destino sin resistirse porque más bien lo anhela. Y quizás también porque le da poder a quien se encuentra huérfano y desamparado, literal o metafóricamente, enfrentado a un mundo hostil y ajeno, mundo que él o ella se encargará de mejorar (Wonder Woman, Zatanna, Batman, Superman Wolverine, Spawn, Spiderman, Green Lantern, X-Men y un largísimo etcétera). Y, finalmente, en la mayoría de estos casos, al contrario de lo que propone Campbell, las constantes pruebas no los hacen evolucionar, tan solo son aventuras que, de vez en cuando, ven remecidas sus bases por obra de algún guionista excepcional.

Con todo, el juicio del autor a los superhéroes es mucho más duro que la mera acusación de vanidad, autoritarismo y fascismo, cuestión que se muestra en el comic.

Humanos, demasiado humanos

La novela gráfica se sitúa en un 1985 ucrónico, cuando los vigilantes y superhéroes han sido declarados ilegales por la ley llamada The Keene Act (1977) y EEUU sigue siendo gobernado por Richard Nixon. La noche del doce de octubre de ese año El comediante, un héroe sádico y mercenario que trabaja para el gobierno, es asesinado y Rorschach, un vigilante que solo entiende la vida en términos de absolutos morales, es el único que investiga el crimen. Su investigación revela el complot de Ozymandias que llevará a la muerte a millones de personas y a la destrucción de Nueva York.

Ozymandias

La historia se remonta cronológicamente al año 1938 con la aparición del primer número de Superman y el nacimiento del arquetipo del superhéroe, esa especie de überschsmen nietszchiano que encarna los valores protestantes americanos. El mismo año, en esa realidad alterna, un hombre encapuchado detendría un asalto a una pareja de manera violenta y sería llamado por la prensa Hooded Justice. Pocos meses después habrían aparecido otros vigilantes: los primeros Nite Owl y Silk Spectre, Capitán Metrópolis y El Comendiante, entre otros que formarían luego los Minutemen. A diferencia de Superman, ninguno de ellos poseía poderes o tenía habilidades especiales, eran seres humanos con algunos trucos bajo la manga, pero seres humanos al fin y al cabo. Finalmente, los Minutemen se disolvieron.

Estoy cansado de La Tierra. Esas personas. Estoy cansado de estar atrapado en la maraña de sus vidas.

A finales de los 60, aparece una nueva generación de vigilantes como Rorschach, el relevo de Nite Owl, la hija de Silk Spectre, pero caracterizada por dos personajes que superan las capacidades humanas: John Osterman, por un lado, que adquirió poderes casi divinos al sufrir un accidente en el proyecto nuclear en el que trabajaba, convirtiéndose en el Dr. Manhattan; y Adrian Veidt, también conocido como Ozymandias o la encarnación de Ramses II, el hombre más inteligente del mundo, además de uno de los más ricos (forjando parte de su fortuna con sus propias figuritas de acción).

Son estos últimos, los superhéroes, quienes se dan cuenta de la inutilidad de luchar contra el “mal” y el crimen teniendo en cuenta que su origen se encuentra en problemas sociales más profundos, al parecer imposibles de saldar. La respuesta del Dr. Manhattan es de un nihilismo desafecto, donde el orden natural y la lógica imperan por sobre las dimensiones de lo humano, en otras palabras, el universo es inconmensurable para preocuparse de la humanidad, salvo como hecho altamente improbable, parafraseo. Mientras, Ozymandias planea la destrucción de Nueva York a causa de un calamar gigante, para apaciguar la escalada de violencia armamentística que el mismo había desatado y lograr la paz total. Utilitarismo de John Stuart Mill destilado.

Porque existe el bien y existe el mal, y el mal debe ser castigado. Incluso enfrentando el Armagedon no debo comprometerme. Pero hay tantos que merecen retribución

La paz basada en una mentira y con el costo de millones de vidas prevalece en la lógica utilitarista de Veidt, una lógica de un ente semidivino (la figura del Faraón egipcio como encarnación divina) que decide por sobre cualquier humanidad, no siendo más que un humano. “Sabiamente” el otro semidios, a saber Osterman, concuerda y se autoexilia en Marte, en una cómoda posición de dios griego como los de La Iliada o La Odisea de Homero, donde son descritos con los mismos defectos humanos, pero inmortales y hedonistas.

“Super humanos” en ropa interior

El juicio de Moore concluye destruyendo a todos sus personajes, delatando que cuando buscan orden solo entregan autoritarismo, cuando buscan justicia apenas entregan venganza, y cuando parecen altruistas apenas son egoístas y vanidosos. Todo esto porque ninguno de ellos es más que un ser humano disfrazado con su propia ropa interior, y aún así se arrogan la superioridad moral de decidir sobre el destino de la humanidad.

Y todo en la obra apunta en esta dirección: las memorias de Hollis, el diario de Rorschach, las entrevistas y cartas de Veidt, el cómic de Los relatos del navío negro (además del juego del cómic dentro del cómic, la alegoría dentro de la alegoría), en resumen, todas las historias paralelas que convergen en un juicio: cuando buscan protegernos y creen tener todo el poder, solo traen confusión y destrucción ¿Quién nos protege de nuestros protectores? Who watches the Watchmen? Quis custodiet ipsos custodes? (Juvenal, Sátiras VI)

 

(The Joker) Cuando también amas al monstruo

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