The Joker: El mundo es la casa de la risa

El Joker como figura tiene su origen en el arlequín, el bufón y el carnaval medieval en su vertiente más oscura y que nos deja una impresión de gesto maligno, máscara y risa ominosa que nos alcanza hoy a través de la interpretación teatral de Joaquin Phoenix en el cine.

El Joker proviene como arquetipo del arlequín, encarnación demoníaca y extrañamente ágil que nos seduce con ironía y mordacidad, con su cobardía y oportunismo, con su picardía malévola. Como también nace de aquel bufón del carnaval y de la corte que vive en una realidad imaginaria, un espejo del mundo retorcido hasta la risa que da vida a una ficción.

Es probable que Joaquin Phoenix haya tomado mucho de la herencia teatral del arlequín, el bufón y el carnaval medieval para interpretar a este villano en toda su complejidad.

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La némesis de Batman nació en el cómic como un criminal despiadado, lúdico y amante del dinero para degradarse luego a un ladrón bromista durante casi treinta años. Desde entonces ha sido opresor de delincuentes y villanos; un psicótico, paranoico y nihilista; un defensor de EE.UU. contra el nazismo; encarnación del caos, cuestionador de la legalidad y la cordura; un sicópata lunático; en resumen, diferentes facetas de un desquiciado, un loco con gran capacidad de análisis y observación, como es descrito en este artículo.

«Detrás de la máscara podía estar cualquiera»

El Joker ha sido un personaje cambiante pero paradójicamente consistente. La evolución del villano lo instala como fuerza maligna, reflejo retorcido de nuestro mundo. El origen de la figura puede rastrearse en el teatro medieval por medio de la figura demoníaca del arlequín en sus inicios y la risa del carnaval con su mundo invertido como espejo.

Arlequin interpretado por Enrico Bonavera

El arlequín nace como un personaje demoníaco, vestido de capucha y máscara –Red Hood ¿les suena?- en las representaciones teatrales francesas durante siglo XIII para Semana Santa. En el siguiente siglo Dante Alighieri bautiza a un demonio como Alichino en su Divina Comedia.

La conocida figura del arlequín con ropas coloridas y sonrisa fácil aparece recién en el siglo XVI cuando entra en el teatro de la Commedia dell’Arte italiana, donde pasa a ser un sirviente que se muestra como un tonto ingenioso, un cobarde atrevido y supersticioso, un pícaro hambriento y pobre, físicamente ágil y de diálogo breve. Su máscara ominosa es un remanente demoniaco que escondía al actor del público, porque era ella y las vestimentas las que encarnaban las características de este arquetipo. Detrás de la máscara podía estar cualquiera.

Durante la Edad Media también se consolidaron las fiestas y carnavales en los que se invertía el orden del mundo. El bufón o idiota era coronado como rey y la imaginación y la risa se tomaban las calles de los pueblos medievales, a decir de Mijaíl Bajtín, olvidando el orden social impuesto por la iglesia. El carnaval pasa a ser entonces un gran escenario donde todos representan un papel.

«El bufón (…) una persona condenada eternamente a ser una ficción de carne y hueso»

Así, el mundo se transforma transitoriamente en un escenario teatral que reproduce una versión risible de sí mismo, como en una casa de la risa. Luego, todo vuelve a la normalidad cuando acaba el carnaval. Sin embargo, el bufón de la corte debía vivir continuamente su vida en carnaval, no podía ser serio ni comedido en su vida diaria, a cambio, era el único capaz de criticar el poder del rey y su legalidad desde ese mundo de la imaginación al que era relegado. Una persona condenada eternamente a ser una ficción de carne y hueso.

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De este modo, el Joker pasa a encarnar al mismo tiempo todas las facetas de nuestra propia visión retorcida del mundo, el espejo en el que proyectamos nuestro propio mal. Nos atrae como arlequín porque refleja el miedo como cobardía, la irracionalidad como superstición, lo peor de nosotros en forma de risa y salto, usando una máscara que cualquiera puede interpretar adentrándose en esa realidad obtusa. Nos atrae como bufón, pero no estamos dispuestos a ser calificados como alienados.

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La máscara y el arquetipo muestran que el Joker no es nadie y a la vez puede ser cualquiera de nosotros, no solo por las presiones sociales, las “casualidades de la vida” o por un mal día, sino en gran parte por nuestras propias decisiones éticas cotidianas.

(The Joker) Cuando también amas al monstruo

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