Shadow of the Colossus: jugar con nuestro propio egoísmo

Shadow of the Colossus es un videojuego revolucionario principalmente por el puzzle ético-moral que nos presenta. Es un juego de acción, sin duda, pero minimalista en objetivos y donde encarnamos un protagonista que para avanzar se alimentará del egoísmo del jugador.

Shadow of the Colossus es uno de esos juegos inclasificables. Está en el panteón de los clásicos desde su éxito fulminante en 2005 y todavía hay pocos que le hayan hecho sombra a la hora de innovar en lo que a concepto se refiere.

Un personaje masculino, una yegua, una joven a las puertas de la muerte, dieciséis colosos infinitamente bellos y un misterioso grupo de personas de las que solamente se nos entregan pinceladas. Todo ello en un paisaje gigantesco y hermoso. Sin enemigos. Sin personajes secundarios. Sin apenas objetivos. Sin trampas salvo las naturales. Fue rompedor y sigue siéndolo. Por eso tuvo hace poco un merecido (y precioso) remake.

«Pero este título esconde todavía algo más: es una prueba moral para el jugador»

No hay pueblos. No hay mazmorras. No hay casas habitadas. Únicamente la soledad de su misterioso protagonista y de la naturaleza.

Cada coloso es un enemigo y a la vez un puzzle. Se les vence con más maña que fuerza: hay que buscar sus puntos débiles. Son mazmorra y monstruo final: son todo a la vez.

Shadow of the Colossus es una experiencia visual y sonora apabullante y única. Un juego minimalista que presenta un mundo ignoto de parajes maravillosos, entre praderas, bosques, lagos, ríos, cataratas, montañas, y de extrañas ruinas inspiradas en una suerte de culturas precolombinas fantásticas.

Pero este título esconde todavía algo más: es una prueba moral para el jugador. Estamos acostumbrados, desde hace ya muchas décadas, a juegos que no necesariamente presentan a protagonistas perfectos, pero sí que suelen enfrentarse a villanos malos, malísimos sin escalas de grises. Éste, sin embargo, explora tesituras nuevas: es una historia de amor y de desesperación en la que prima el egoísmo de su personaje principal, por mucho que exista una entidad de rasgos diabólicos como clara antagonista.

Una vez más, nos vemos en la situación de devolver o no la vida a un ser querido. Es una tragedia que se lleva repitiendo desde los tiempos de la mitología greco-latina y que ha pasado con distintos matices por obras literarias tan variadas y espaciadas como La Divina Comedia o Frankenstein.

Ilustración de William Blake de la Divina Comedia de Dante Alighieri donde aparece Beatriz

Shadow of the Colossus es un dilema total y sugestivo, una crónica de un error fatal anunciado que nos lleva a preguntarnos a los que lo jugamos si actuaríamos como actúa su protagonista o si renunciaríamos a lo que más queremos para salvar al mundo.

» Actuaríamos como actúa su protagonista o si renunciaríamos a lo que más queremos «

En décadas anteriores, pudimos elegir ganar el juego con villanos como M. Bison (Street Fighter) o Shang Tsung (Mortal Kombat), manejar a criminales sin escrúpulos (GTA), ser un antihéroe que va a lo suyo (Fallout) o simplemente divertirnos aplastando a gente contra el asfalto (Carmageddon).

En Shadow of the Colossus no encarnamos a un personaje directamente malvado, ni siquiera un antihéroe: no somos más que un tipo desesperado que toma medidas desesperadas desde el egoísmo, por mucho que fuésemos a caballo y llevásemos espadas mágicas.

Hasta 2005, este matiz estaba casi inexplorado. Porque este videojuego transcurre en un universo fantástico, pero tiene más de desventura de persona común aplastada por sus circunstancias de lo que parece.

Shadow of the Colossus es un juego enigmático incluso en sus conexiones. Forma parte de una trilogía (es el central del tríptico) junto a Ico y The Last Guardian, pero sus mencionadas conexiones nunca quedan claras, aunque se completen los tres juegos. Es algo que su creador, Fumito Ueda, de Team ICO, ha afirmado en numerosas ocasiones.

Si bien Ico y The Last Guardian pueden ser más clasificables que “Shadow of the Colossus”, también tienen elementos que los diferencian de otros juegos y que los hacen bastante únicos. Los tres construyen un universo especial, lleno de lugares paradisíacos y de personajes para soñar. Los tres son muy recomendables, pero ninguno tanto como esta odisea ambigua y única en todo: en concepto, en jugabilidad, en estilo, en estética y en propuesta argumental y moral.

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