Radioteatro: horror para ser escuchado en tiempos de crisis

El arte encarna el espíritu de los tiempos que hoy está convulsionado económica, política, militar y ambientalmente, y es quizás el terror quién mejor puede metaforizar los miedos, como en aquellas décadas de los 30 y 40, a través del monstruo que escuchamos.

En momentos de incertidumbre económica, nada sosiega más que una película de horror. Ahora que el Fondo Monetario Internacional afirma que la economía se ralentiza , resulta útil recordar cómo, durante la Gran Depresión, en la década de 1930 en Estados Unidos, el horror fue el género que salvó de la bancarrota a los estudios Universal y los programas radiofónicos de misterio y terror capturaban la atención de millones de oyentes.

«El horror se completa en nuestras mentes, sin duda»

David J. Skal, uno de los principales historiadores del cine de horror en Estados Unidos y autor de los libros indispensables Hollywood Gótico: La enmarañada historia de Drácula (2015) y Monster Show (2008), explicó en una entrevista con PBS en 2016 que “en los años 30, la era de la Gran Depresión fue una época en la que todas las promesas de los estruendosos 1920s y la fe en el progreso y la ciencia, y todas esas cosas que harían mejores nuestras vidas, colisionaron y ardieron. Por eso no creo que fue un error la aparición del científico loco, aquella persona que debía solucionar todo pero que ahora representaba una influencia maligna. La imagen del monstruo de Frankenstein es la imagen del proletariado: botas esparcidoras de asfalto y ropa de trabajo; un símbolo mudo de toda la clase trabajadora que ha sido abandonado por las personas que se suponía que lo cuidaban”

Metropolis de Fritz Lang, 1927

La idea no es nueva: el monstruo como metáfora. Quizás lo más interesante del análisis de Skal es la idea de que la gente respondió a la incertidumbre económica de la Gran Depresión buscando un escape en el género de horror. ‘Drácula’, estrenada en febrero de 1931, hizo de su protagonista, el actor húngaro Bela Lugosi, una estrella en Estados Unidos y fue el filme más taquillero de Universal Pictures ese año. El fenómeno hizo que el estudio acelerara otra adaptación de un clásico literario, Frankenstein, que dirigió James Whale con Boris Karloff en el papel del monstruo. Debutó en cines en noviembre de 1931 y fue otro sonoro éxito en la taquilla. Un nuevo universo de “dioses y monstruos” había nacido y Hollywood aprovecharía ese interés por el horror con una serie de películas que se extenderían hasta bien entrados los años 40 del siglo pasado.

Así como en la década de 1950 la gente proyectó en los monstruos del espacio y en las criaturas mutantes producto de la radiación todas sus ansiedades derivadas de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, el público vio en el horror de Drácula, la criatura de Frankenstein, el Hombre Lobo y la Momia una válvula de escape al terror que muchos vivieron en la Primera Guerra Mundial.

Monstruos clásicos de Universal Studios

Fue, como dice Skal, la unión de dos tradiciones: la estadounidense, que veía horrores en los seres humanos y la naturaleza –quizás por la impronta de escritores como Nathaniel Hawthorne y Edgar Allan Poe–; y la europea, en la que el espanto muchas veces tenía un origen fantástico y sobrenatural.

En Estados Unidos, la década de 1930 es considerada la Era Dorada de la radio, pues era el medio que dominaba la industria del entretenimiento. Orson Welles comprendió su poder y desarrolló el programa The Mercury Theatre on the Air, que generó un pánico generalizado el 30 de octubre de 1938, cuando emitió una adaptación de War the Worlds de H.G. Wells y hubo oyentes que pensaron que, en efecto, era la transmisión real de una invasión marciana.

«Para escuchar viejos programas radiofónicos de horror y misterio: Internet Archive»

Quizás la radio era el medio ideal para escuchar dramatizaciones de relatos de horror. A fin de cuentas, el oyente imagina lo que el audio sugiere y le añade sus propios temores. Lo comprobamos en el cine, en películas como The Haunting (1963) o Alien (1979) son más aterradoras porque no vemos a los fantasmas o apenas atisbamos detalles del monstruo. El horror se completa en nuestras mentes, sin duda.

Uno de los pioneros del género fue el programa The Witch Tale, emitido por primera vez en 1931 y que popularizó la figura del aterrador anfitrión que presentaba cada historia; concepto que luego copiarían las historietas de horror de EC Comics (‘Tales from the Crypt’) y shows televisivos como ‘Alfred Hitchcock Presents’ y ‘The Twilight Zone’, por ejemplo.

Si desea recrear la experiencia de un escuchar un relato radiofónico de horror en la noche, hay varias páginas Web que han recopilado algunos de los programas de misterio y horror más populares de la década de 1930 en Estados Unidos, cuyos derechos son hoy del dominio público.

Radioteatro especial: «Cuentos de misterio» de Radio Agricultura (Chile)

La fuente más completa para escuchar viejos programas radiofónicos de horror y misterio es Internet Archive (archive.org), con formatos MP3 descargables al teléfono, información de cada show e incluso imágenes de las grabaciones. Interesados en el género pueden consultar RelicRadio.com y RUSC.com (con un vasto catálogo de más de 35.000 programas de la era dorada de la radio en EE.UU.

La página Web Old Time Radio Catalog también es una buena opción para escuchar y adquirir programas en formato MP3 pues su catálogo de shows es muy completo: Inner Sanctoum Mysteries, Suspense!, Quiet, Please!, The Black Museum (con Orson Welles como anfitrión), Whistler, Beyond Midnight y Boris Karloff, entre otros.

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Lo mejor es usar los cascos y bajar la intensidad de la luz; sumergirse en la narración y dejarse llevar por los efectos de sonido (maderas que crujen, el ulular del viento, el grito desgarrado, la carcajada enajenada). Es un viaje en el tiempo, a una época anterior a la TV, en la que el horror entraba en casa sin ser visto.

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