Los artilugios de Borges en el cine de Nolan

Christopher Nolan parece ser el alumno aventajado de Borges en el cine. Sus películas dan la sensación de novelas fantásticas que utilizan los recursos centrales de la narrativa del escritor ciego, y un buen resumen de lo anterior parece ser Interstellar. (Spoilers)

Borges desde siempre ha sido una influencia fundamental para Nolan –él mismo lo reconoce en varias entrevistas-, tanto así que en Memento (2000) es muy sencillo relacionar el tema de la memoria y la estructura temporal laberíntica de la trama con la narrativa del porteño. Luego, en Inception (2010) no es difícil vincular aquello del sueño dentro de un sueño dentro de un sueño con “Las ruinas circulares” del mismo autor. E Interstellar (2014) funciona casi como un compendio de lo anterior.

En su noveno largometraje, ambicioso en todos los sentidos, pretende contar una historia épica espacial, con un mensaje trascendental, mediante una estructura compleja y con una imaginería de una belleza impactante, de alrededor de €130 millones de euros.

“Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos (…) abarca todas las posibilidades.”

-J.L. Borges

La cinta forma parte de la grandilocuencia decorativa y la lógica de Hollywood, y su director asume ese rol de una manera inteligente, planteando una estética muy cercana a 2001: una odisea del espacio de Kubrick, pero con un limpieza deslumbrante y una composición muy humana. Hay también mucho Spielberg en la historia que se desarrolla en la Tierra y en la emocionalidad que por momentos alcanza la cursilería. Y, desde luego elementos narrativos borgianos: su laberinto, parte de su concepción del espacio tiempo y, sobre todo, la biblioteca y sus posibilidades.

Interstellar parece una novela fantástica cercana a los mundos de Phillip K. Dick, aunque con una reflexión metafísica que apunta al hombre sobre sí mismo, frente a un espacio y tiempo abismante. Partamos por el principio.

En el primer acto de la película vemos la relación que ha forjado el ex piloto de la NASA Joseph Cooper (Matthew McConaughey) con su hija, Murph (Mackenzie Foy), en una granja situada en un contexto donde el cambio climático tiene condenada a la extinción a la humanidad, de no ser por las investigaciones del profesor Brandt (Michael Caine).

El encuentro entre el profesor y Cooper se produce gracias a una anomalía gravitacional que lleva codificadas las coordenadas de una base secreta de la NASA. Allí se entera de que “Ellos”, quienes le entregaron las coordenadas, también han abierto un hoyo de gusano cerca de Saturno para salvar a la humanidad.

Inception by Kilian Eng

Considerando esta historia como fantástica, suponemos que el deux ex machina de la entrega de coordenadas pretende hacer un quiebre y plantear a la vez el destino irrevocable del héroe, que se enlaza con el final de la historia y que completa el laberinto.

A continuación, la tripulación despega en un viaje en el que verificará la habitabilidad de tres planetas al otro lado del hoyo de gusano. Sin embargo, en los dos primeros se encuentran con problemas que implican importantes decisiones éticas y sentimentales, puzzles de supervivencia individual y como especie. Laberintos que resolver, en los que la dilación del tiempo es clave. “Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos (…) abarca todas las posibilidades”, dice  J.L. Borges en “El jardín de los senderos que se bifurcan”.

“Se encontrará con un solo espacio que contiene simultáneamente todos los tiempos”

A causa de la relatividad, el tiempo transcurre de forma diferente a la Tierra, en este caso a causa de la gravedad de los planetas y la situación de cercanía a un hoyo negro, cuyo centro mismo alcanzará Cooper gracias a “Ellos”.

Ahí, nuestro protagonista se encontrará con un solo espacio que contiene simultáneamente todos los tiempos, ubicado justo detrás de la biblioteca de Murph y con vista a su habitación, aunque sin posibilidad de comunicación más que a través de los libros. Un espacio que es como el descrito por el autor argentino, en su literatura.

“Vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural (…) que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”, esa es la visión de Borges dentro de “El Aleph”. En ella ve todos los tiempos y todo el universo concentrado en un solo punto.

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Autorretrato de M.C. Escher

Y en “La biblioteca de Babel”, el narrador describe una biblioteca gigante que contiene todos los libros posibles con todas las posibles variaciones del alfabeto. Un lugar que parece infinito, pero que solo es inconmensurable y que coquetea con lo abstracto.

“El primer hombre sospecha que él también es el sueño de otro.”

Así es el espacio en el que Cooper como fantasma trata de convencerse a sí mismo de no viajar, comunicándose a través de los libros, pero termina enviándole las coordenadas para que inicie su aventura. Y aquí se platea también el tema de la paradoja del viaje en el tiempo como en “El otro”, donde Borges conversa consigo mismo pero más joven a través de una especie de hoyo de gusano en medio de la banca, “como en una ensoñación”.

Del mismo modo, “Las Ruinas Círculares”, un hombre cobijado en un templo circular, crea a otro soñando con él y trayéndolo a la realidad, para luego pedirle al dios del fuego que le otorgara vida a su creación. Este hombre nuevo despierta sin saber que es el sueño de otro y es enviado a otro templo circular. El primer hombre sospecha que él también es el sueño de otro.

El laberinto temporal

Este espacio tetradimensional en que se encuentra Cooper, por su isma naturaleza, está ambientado en una estética muy M. C. Escher que sería la traducción visual de muchos de los procedimientos del autor ciego.

Quizás lo más interesante de Nolan no sea el fondo de sus parábolas fenomenológicas llenas de artificios, sino su forma de abordarlas. Kubrick, en este mismo nivel juega con parábolas más abstractas, nihilistas y aunque es más hemético, paradójicamente parece más explicativo. Nolan, como en Memento, juega con el laberinto, con el tiempo y con el espacio, y el artificio se queda en artificio. En Borges, “Artificios” es una parte de su obra Ficciones (1944) y de sus explicaciones metafísicas.

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