Música popular contemporánea
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La delgada línea entre el ridículo y la genialidad en la música popular

La genialidad siempre implica reflexiones inquietantes y los heterónimos de Alberto Matesanz, el Doctor Rolls y el Reverendo Royce, resucitados de las cenizas de un viejo blog entregan un toque delirante y audaz a estos temas. Aquí, el primero de ellos.

Osadía y atrevimiento es, según nuestra Real Academia de la Lengua Española, la definición exacta del término AUDACIA (del latín, audacia. Qué maravilla, eh, palabra milenaria donde las haya).

– Malditas Academias, siempre dictando la norma. ¡Arrepentíos!

– Reverendo, no se me amotine. Soy hombre de ciencia, bien lo sabe. Es cierto que la audacia tiene muchos más matices y posibilidades, pero lo iremos viendo poco a poco.

La audacia en la música popular -tal como la entendemos hoy en día- es el impulso necesario para ir más allá y explorar lugares desconocidos, conquistar el Everest de la consonancia y ser un verdadero pionero en la armonía y el ritmo.

Y no hablamos de hacer cosas ‘a lo loco’, no. Se necesita algo de background, escucha, formación y, sobretodo, intuición para llegar a las Indias y proponer cosas que nos puedan levantar del asiento, torcer el gesto, extrañarnos -ay, qué bonito es ese extrañamiento y cuantas sinapsis neuronales produce-, para finalmente decir: TOMA YA. Así, la fómula es Audacia = Extrañamiento + Toma Ya [A = E+TY]

La fórmula derivada de la teoría fundamental
[A = E+TY]

– Sí, sí, claro, Doctor, el atrevimiento en todo proceso creativo, sea escultura, arquitectura, literatura o cualquiera de las artes existentes es fundamental para destruirlo todo.

– Bueno, destruir, destruir… Reverendo, pues sí, claro que la audacia es fundamental para ser rompedor, pero creo que en el campo de la música popular y más en concreto en el rock’n roll, es fundamental ser osado para dejar huella.

Yeah, yeah, yeah: todo un cristo.

Ese atrevimiento hizo que The Beatles conquistaran el mundo hace más de medio siglo. No les faltó caradura a estos cuatro chavales, sobretodo al de las gafas, cuya insolencia era capaz de pasar por encima de todo y de todos, hasta el punto de pensarse más popular que Cristo.

– Habrase visto tamaña blasfemia, mi querido Reverendo.

– Imperdonable, Doctor. Así los infiernos derritieran sus gafitas.

Recientemente se ha estrenado ‘Yesterday’, película que, entre otras cosas, pone en valor el cancionero beatle y lo muestra a las nuevas generaciones fuera de contexto pero conservando toda su audacia y belleza. Pero no les voy a arruinar nada, solo quiero confirmarles que sus canciones siguen siendo un referente fundamental para cualquier grupo de pop actual que se precie.

Ahora hagan un ejercicio de audacia: escuchen el ‘yeeeah’ final de su canción ‘She loves you’ y fíjense bien… Aunque no sepan nada sobre la armonía, seguramente sientan algo especial en ese ‘yeah’ final. Se trata de John, Paul y George cantando a tres voces (para los técnicos: una tercera, una quinta y una sexta) perfectamente amalgamadas cerrando la canción de manera digamos que poco redonda para el estándar pop de la época, que es lo que se llama ‘caer a tierra’ sobre la nota principal de la melodía o el acorde mayor. Pues aquí nada de eso, porque estos tipos audaces proponen terminar la canción con un acorde abierto que su productor George Martin les dijo estaba ‘pasado de moda’ porque le sonaba a antigualla más propia del anciano de Glenn Miller, en los sesenta. Los cuatro chicos no hicieron caso a su productor porque, simplemente, a ellos ‘les sonaba bien’. Y así la posteridad fue para conclusión sorpresiva y AUDAZ, precursora del power pop posterior.

Y esto es sólo una gota en el océano de audacias -Strawberry fields, Tomorrow never knows, I am the walrus…- que durante su corta pero densísima carrera musical llevaron a los Fab Four a cambiar la música para siempre.

– Amén.

El ridículo

Como reza el título de este artículo, esa osadía a veces también se paga con el ridículo, porque cuando llega al exceso, la simulación o el kitsch, uno cae en plancha sobre una piscina vacía. Esto no tiene gracia.

Un ejemplo concreto de audacia en el pop con gran éxito creativo y comercial es el caso de… Luis Cobos. Este hombre, el ‘George Martin’ hispano, fue quien audazmente produjo aquel temazo vertiginoso de Mecano en los 80, «No me mires no me mires no me no me no me mires déjalo ya»,  con ese estribillo extenuante.

Sí, Luis Cobos, el mismo que pondría chunda chunda a piezas clásicas de Hendel, Vivaldi o Schubert, entre otros, en un alarde de audacia que le llevó al ridículo y al éxito mundial a partes iguales. (Nunca una piscina vacía se llenó tan rápido de billetes). Enhorabuena Luis, también audaz de alguna manera.

– Maldito desacralizador de la música clásica, ¡que las siete plagas caigan sobre él!

– Tranquilícese Reverendo, está usted hoy muy alterado.

Últimas preguntas

Pero, ¿quién decide que una obra sea genial o sea ridícula?

La historia está llena de osadías pagadas con el ridículo y el olvido y, en otros casos, con el ridículo para finalmente ser recompensadas con la aclamación popular.

¿O acaso colocar un mingitorio en una galería de arte no es una ridícula osadía?

¿Las Señoritas de Aviñón, arrumbadas en el taller de Picasso durante una temporada hasta que alguien preguntó por ‘ese cuadro que está ahí dado la vuelta qué es’?

Hoy vivimos en un mundo hiper saturado de propuestas atrevidas, más bien provocadoras; cada cinco minutos hay algo ‘nuevo y rompedor’. ¿Puede que el pop se haya agotado tal como dice Alex Ross en su libro ‘Escucha’ / ‘Listen to this’?  ¿Vivimos un barroco de atrevimiento: Lady Gaga, Rosalía, Bob Esponja…?

¿Preferiríamos vivir en un mundo sin osadía mientras nos entregamos al dolce far niente sobre una góndola veneciana silbando ‘La donna e mobile’?

– Ay, Doctor, tantas preguntas, tan pocas respuestas… Sólo hay que creer. ¡TENED FE!

– Efectivamente Reverendo, pero es seguro que George Harrison dijo en su momento que los Beatles salvaron al mundo del aburrimiento.

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