Ideología y cuentos de hadas
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La Cenicienta: belleza, sumisión y cuentos de hadas

Disney y otras productoras editaron las versiones populares de cuentos de hadas como la Cenicienta para transmitir valores que condicionaron el pensamiento de niños y jóvenes del mundo occidental.

¿Qué estamos contando al narrar Caperucita Roja, La bella durmiente, o en este caso, La Cenicienta?

La mayoría de nosotros tenemos en mente la historia de Disney, esa donde la huérfana soporta estoicamente el maltrato por parte de su malvada y arrogante madrastra y sus envidiosas hermanastras, hasta que aparece un hada madrina que le regala un vestido para ir al baile, etc, etc, y vivieron felices para siempre.

«…acomodar las historias “originales” hasta obtener cuentos aptos para la familia blanca, anglosajona y protestante»

Todos crecimos escuchando esas narraciones maravillosas llamadas cuentos de hadas. Las hemos oído y contado tantas veces que, como las oraciones de la abuela o los brindis de año nuevo, se han ido transformando en una letanía sin sentido, sobreviviendo de esa forma generación tras generación, en un proceso que la industria cultural ha sabido modelar hasta tal punto que, como hijos del siglo XX, recordamos muchos más las versiones de Disney u otra productora que supiera estrujar el encanto que estas historias aún tuvieran.

Pero a diferencia de la tradición popular que fue creando estos cuentos desde la edad media europea hasta su compilación y escritura durante el romanticismo, una productora sólo pretende llegar a la mayor cantidad de espectadores, y ojalá vender muchos juguetes, filmar una o dos secuelas, o precuelas, versiones de carne y hueso pero sin sangre, adaptaciones sobre hielo directas al DVD, etc.

Para conseguirlo, los grandes estudios cinematográficos se vieron en la necesidad de acomodar las historias “originales”, edulcorando el contenido en general, recortando tramas, suavizando escenas violentas o escabrosas, desvirtuando conflictos y motivaciones de los personajes hasta obtener cuentos aptos para toda la familia blanca, anglosajona y protestante, que luego de un par de guerras mundiales estaba ávida de entretención sana para sus retoños. Porque para los boomers no bastaba el viejo del saco si ya estaban los nazis, los comunistas, la bomba atómica, el área 51, los iluminatis, las armas de destrucción masiva y todos los enemigos de Silvester Stallone.

«La trama está basada en la versión de Perrault, escrita en 1697»

Como era esperable, el resto de occidente asumió dicha tradición cultural como si fuera propia, asimilando también su ideología, entendiendo ésta como aquello que pensamos que está bien “porque siempre ha sido así”, o porque es obvio que esté bien, o porque sí, pero que en realidad tiene la función de domesticar las conciencias, dirigir las conductas y orientar la toma de decisiones.

…Si no yace en esta verdad el germen de una poderosa fuerza educativa y si el maestro o los padres pueden darse el gusto de ignorarlo. (Prefacio a una selección de cuentos de los Hnos. Grimm, 1904)

La ideología sería aquello a lo nos hemos acostumbrado tanto que ya no somos capaces de percibir, salvo en sistemas muy diferentes al que nos tocó vivir o al contemplar críticamente una obra de arte.

Como decía al inicio, el tema de esa versión de la Cenicienta, la moraleja si prefieren, es bastante clara y parece haber salido de un catecismo medieval, o de un manual para sirvientes de supernumerarios: “persevera en tu lugar, soporta el abuso, el maltrato, la injusticia, no te rebeles, porque tus sueños algún día se cumplirán, literalmente, por arte de magia”.

La trama está basada en la versión de Perrault, escrita en 1697, aunque no podemos hablar de una sola versión original, considerando que son relatos de la tradición oral. La historia recopilada por Perrault es igualmente piadosa, y en ella Cenicienta es premiada de forma sobrenatural por su belleza y sumisión. Por eso en esta ocasión quisiera acercarme a la versión recopilada por los Hermanos Gimm para sus Cuentos para la infancia y el hogar, de 1812, que podría aportar algunos matices a la historia que ya conocemos.

La cosa va así: una hermosa niña pierde a su madre, y al poco tiempo su padre, un señor de cierta fortuna, se casa con la infame madrastra, que junto a sus dos hijas terminará esclavizando a Cenicienta ante la indiferencia de su propio padre. De hecho ni siquiera sabemos su nombre, es apodada de esa forma por sus hermanastras, a manera de burla por su aspecto, siempre sucio y con manchas de cenizas.

La piadosa protagonista va todos los días a llorar a un avellano que crece en la tumba de su madre, alimentado por sus lágrimas. Todo marcha entre humillaciones y atropellos hasta que al Rey se le ocurre la brillante idea de llamar a todas las jóvenes del reino a un baile de tres días para que el Príncipe escoja pareja. Algo así como un reality show británico, o una exhibición de animales en el matadero, pero con música, luces y lindos vestidos.

Cenicienta le pide permiso a su madrastra para ir. Ella accede con la condición de que logre recoger todas las lentejas que lanzó a las cenizas en un tiempo limitado. Cenicienta lo logra con la ayuda de sus amigos, unos pájaros que viven en el avellano. La madrastra vuelve a repetir la prueba 3 veces, hasta que le dice “Todo es inútil; no vendrás, pues no tienes vestidos ni sabes bailar. Serías nuestra vergüenza.» Como ven, la señora es tan mala que sólo le faltó gritar “maldita lisiada!!!”

«No creo que la actitud correcta sea prohibir su lectura»

Cenicienta va a llorar a la sombra del avellano, y le pide ayuda. Un pájaro, quien cumple el papel de hada madrina, le lanza desde el árbol un vestido y unos zapatos muy lujosos… a estas alturas no vamos a pedir verosimilitud ¿no?

Cenicienta va al baile, el Príncipe se enamora en el acto y baila con ella hasta el anochecer, cuando ella escapa haciendo parkour entre árboles y palomares (y no, no me lo estoy inventando). Esto se repite los tres días del baile, pero al tercer día el «ingenioso» Príncipe ordena poner pegamento en la escalinata, así, Cenicienta pierde uno de sus zapatos al escapar por última vez.

Como el Príncipe no fue capaz de saber quién era realmente la mujer con la que bailó 3 días y no es capaz ni siquiera de reconocer su cara (demostrando al mismo tiempo su superficialidad y estupidez), decide hacer lo que cualquier estadista responsable haría: ir de casa en casa probando el dichoso zapato.

Llegan a la casa de Cenicienta, una hermanastra intenta ponerse el zapato pero su dedo pulgar no entra, en privado su madre le dice “córtate el dedo, cuando seas reina no necesitarás andar a pie”, la muchacha naturalmente pensó que era buena idea y se corta el dedo, el zapato entra y el Príncipe se va con ella muy feliz. Pero el pájaro, amigo de Cenicienta, le advierte del río de sangre que brotaba del pie.

Así que vuelven a la casa, la otra hermana intenta meter su pie, pero su talón no entra. La madre le dice “córtate el talón, cuando seas reina no necesitarás andar a pie”, ella obedece, el príncipe nos vuelve a dejar en claro sus limitaciones y el pájaro vuelve a advertirle.

Al final, lo que todos sabemos: Cenicienta se prueba el zapato talla 38, único en el reino, el Príncipe la reconoce, anuncian la boda y su amor verdadero, mientras los pájaros, en un detalle que nos recuerda que este es un cuento infantil, le sacan los ojos a las hermanastras durante la boda.

Ahora bien, una vez que conocemos ambas versiones, lo primero que salta a la vista es que Disney opta por Perrault al ser una versión menos violenta en términos físicos, pero igualmente violenta en términos morales.

Otras formas de violencia

¿Pero qué es violento en este cuento aparte de las escenas sangrientas?

En primer lugar, la envidia como dinámica relacional entre mujeres, y que se encuentra por completo naturalizada, sería entonces, una dinámica promovida desde la ideología. Segundo, la aceptación pasiva de la servidumbre, bajo la “hipótesis del mundo justo”, es decir, que las cosas buenas le pasan a gente buena, y por tanto si soportas el abuso sin responder, en esta vida o en otra, serás recompensada. Por último, La belleza como medio para llamar la atención de los hombres y lograr con un matrimonio la supuesta independencia, o salir de la pobreza, o escapar a la autoridad despótica de los mayores.

La moraleja de este cuento es “niñas que escuchan esta historia, manténgase bellas y sumisas, porque eso les permitirá salir adelante en este mundo”. Ni los Legionarios de Cristo se atreverían a tanto… o sí, en realidad.

Generación tras generación hemos contado este cuento y hemos implantado esa idea en niñas y niños, adoctrinando sus mentes con la dependencia hacia el patriarca, motivando a niños a convertirse en el siguiente, y a las niñas a seducir al que le permitirá cambiar una servidumbre por otra, un macho alfa por otro. Con todo, no creo que la actitud correcta sea prohibir su lectura o desteñir aún más los elementos que hoy resultan irritantes. Esa censura que algunos atribuyen equivocadamente a la corrección política es sólo un intento por difuminar la violencia y sus marcas en la historia cultural, casi un favor al mundo conservador. Creo necesario que las nacientes lectoras comprendan la importancia del contexto y cómo nos ayuda a comprender más a fondo una ficción, a imaginar y comprender el mundo que le ha dado forma, su ideología a través de sus arquetipos, e invitarles a descubrir nuevas formas de realización, más allá de ser bellas por un tiempo y vivir sumisas para siempre.

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