Ecos virtuales en la vida real
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Justin Bieber y la muerte de la Historia en la red

El abuso del Big Data ha provocado una pequeña muerte de la historia (por el momento), haciendo prácticamente irrelevante todo el conocimiento previo. El efecto inmediato se puede observar a través de algunos fans de Kanye West y Justin bieber.

Quizás uno de los principales problemas a los que se enfrentan los post-millenials tiene que ver con cómo la tecnología está influyendo en su modo de construir conocimiento. Cómo cada sujeto se enfrenta a la información que obtiene de Internet sin el filtro del devenir del tiempo objetivo y la acumulación de datos verificados.

En breve, el asunto es: aún cuando hoy se tiene un acceso a la información como nunca antes, en calidad, cantidad y en tiempo real, el sujeto intenta construir conocimiento sin saber lo que ocurrió antes de su existencia. Intenta progresar sin conocer la historia del mundo y los conceptos que lo rodean. Este es el problema de la muerte de la historia.

«…The Beatles copian a Justin Bieber»

Es cierto que la tecnología ha reducido los tiempos de espera y ha aumentado la sensación de inmediatez e instantaneidad espacial, y más aún, ha cambiado nuestra concepción del tiempo.

Ahora todo tiende a ser un eterno presente que se refleja en cosas como las historias de Instagram Stories o como Snapchat en las que todo el contenido es efímero, de un presente determinado y breve, donde ni siquiera cabe el presente continuo.

Si a esto sumamos confesiones en Twitter de seguidores de Justin Bieber y Kanye West, que dicen no conocer a Neil Young o Paul McCartney, cabe preguntarse la profundidad de la desinformación entre los internautas, sobre todo dado el alcance del ex-Beatle, y considerando además el auge de la llamada postverdad.

Con todo, es natural que siempre conozcamos en primer lugar las cosas en nuestro presente, porque no tenemos otra forma de conocerlas al fin y al cabo. Pero por alguna razón se está perdiendo la capacidad de contextualizar históricamente más allá del periodo de nuestra vida, a tal punto que para ciertos internautas Kanye West va a lanzar a la fama a McCartney y The Beatles copian a Justin Bieber.

¿Copian The Beatles a Justin Bieber? Estaba pensando, The Beatles han copiado el corte e pelo de Justin, el estilo musical y muchas otras cosas ¿no es esto ilegal? – En Yahoo Answers 7/04/2012

Es cierto que, entre otros, las redes sociales han dado voz a gente orgullosamente ignorante, parafraseando a Eco. Pero los usuarios de esas redes también tienen acceso a buscadores y, por ende, a la mayor parte de la información de fácil acceso en la red, donde en segundos podrían enterarse del legado de The Beatles, por ejemplo.

¿Es esta falta producto de cierta indolencia? Quizás. Con todo, vale la pena agregar a esto dos cuestiones que complementan el panorama: el Big Data y la Cámara de eco. Esta última se produce gracias a algoritmos como los de Facebook, Spotify o Netflix, por mencionar los más accesibles.

La cámara de eco funciona recomendando o publicitando contenido. En base a nuestras preferencias, entregadas al momento de configurar la aplicación, nos clasifica en un segmento de edad y mainstream del gusto para hacer las recomendaciones: quien elige pop latino contemporáneo o música clásica no escuchara nada muy lejos de esa selección.

El Big Data es acumulación de información “cruda” sin interpretación o filtro. Esta falta de análisis, contraste y perspectiva está afectando el modo en el que se adquiere y desarrolla  el conocimiento, así como redefine la forma en que percibimos el tiempo. Así, movimientos como los antivacunas o los terraplanistas, por ejemplo, ganan terreno en la redes gracias al manejo de la información –mal llamado hoy día postverdad- o las fake news.

Estos movimientos también son un indicio de que no hay conocimientos en general del desarrollo histórico de la cultura o la ciencia. Así, existe un presente en el que todo está desarrollándose y en el que todo, todo, es discutible sin mayor argumento que la propia subjetividad.

Así, al parecer vivimos en un mundo en el que solo existen las cosas en ese eterno presente sin duración, un presente agustiniano, donde lo que se conoce simplemente se acopla a este presente, en una recta sin concesiones de contexto alguno más que mi propio tiempo. Mi subjetividad como orden de LA Historia o la muerte de la Historia.

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