Ecos virtuales en la vida real
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Internet y la tolerancia (ego y cookies)

La personalización en la red, según el comportamiento y las preferencias del usuario, esta agudizando la intolerancia en las nuevas generaciones. Ver solo las realidades “a la medida” que se configuran en las pantallas, no permite exponernos al debate constructivo de diversos puntos de vista.

Desde antes de la aparición de la raza humana, la cooperación ha sido crucial para la sobrevivencia de los seres vivos. La cooperación se basaba entonces en la necesidad mutua de asegurar comida, defensa o albergue. Fue también parte fundamental de la construcción y desarrollo de sociedades como las que conocemos actualmente.

La capacidad de interacción humana ha sido clave en el desarrollo de la humanidad, al permitirnos sacar provecho de las creencias, ideas y el conocimiento práctico de personas ajenas al entorno inmediato. Esta interacción permitió incorporar nuevos elementos a las culturas que se vieron expuestas y que aceptaron esta (otra) sabiduría. En ese sentido, el ejercicio de la tolerancia, el poder coexistir con otros no iguales y con sus ideas ha sido fundamental a lo largo de toda nuestra historia.

«La realidad moldeada a partir de nuestras preferencias (…) nos generan la convicción de estar en lo correcto»

Actualmente, sin embargo, pareciera que esa habilidad social va en retroceso y la capacidad de debate e intercambio de ideas, en franca decadencia, muy probablemente debido a la irrupción de Internet. Hoy, cuando el hacer click en un link o entrar en una página es un acto social y económico, los algoritmos incorporados en las aplicaciones que usamos y las cookies de los sitios que visitamos registran nuestras preferencias, nuestras consultas, los temas que más seguimos, las fotos que publicamos.

Diagrama cámara de eco en Twitter por Peter G. Klein

A partir de estos registros generan automáticamente un perfil del usuario y sin su consentimiento comienzan a desplegar contenido no solicitado, relacionado con compras, búsquedas o publicaciones que hayamos realizado con anterioridad -el llamado Retargeting- , en desmedro de aquel contenido que no encaje directamente con los antecedentes recopilados.

La realidad moldeada a partir de nuestras preferencias en internet nos lleva a rodearnos de usuarios que comparten nuestras visiones y opiniones respecto al mundo, que tienen ideas de futuro similares y que, por tanto, nos generan la sensación o la convicción de estar en lo correcto, porque “somos la mayoría”.

Así, después de un tiempo nos olvidamos de la existencia de otras realidades, apegándonos a esta burbuja o cámara de eco en la red, aunque la interacción IRL ( In Real Life) nos recuerde que ese paisaje digital es solo un espejismo. En realidad existe una multitud de personas con opiniones diferentes, muchas de ellas ni siquiera parecidas a la nuestra. Pero el egocentrismo digital de una realidad hecha a la medida, donde no existe la necesidad de ser tolerante, nos aísla en una hermosa ilusión de seguridad, de certeza, de tener siempre la razón en todo.

«…el ego y el orgullo por sobre los eventos reales»

Luego viene el mundo real, donde la diversidad es la regla y la capacidad de reconocer las ideas ajenas como válidas y necesarias es fundamental. Con el fin de la burbuja viene la frustración, la rabieta, la ceguera a los hechos no por ignorancia, sino por capricho, y con ello, el extremismo.

Jonny abrió la puerta del único lugar donde siempre oiría la verdad

La falta de práctica en cuanto a saber conversar y lograr llegar a puntos en común o, al menos, respetar la opinión diferente a la nuestra, termina creando las condiciones perfectas para la aparición de posiciones extremas basadas en sentimientos y no en hechos. El triunfo del “creo que” por sobre el “esto es”; el ego y el orgullo por sobre los eventos reales. El triunfo del berrinche por sobre la razón.

Las ramificaciones son infinitas, desde la ola de censura e hipersensibilidad en los campus universitarios (agresiones a profesores que no están de acuerdo con nuevas conmemoraciones inclusivas, espacios seguros mandatorios que incluyan música suave, frazadas y peluches), hasta el ascenso de los autoritarismos (USA, Italia, Brasil). En suma, es  la incapacidad para establecer diálogos a causa de la ausencia de tal necesidad, cuestión que nos lleva a la resurrección de posturas radicales, exacerbando el choque de visiones diferentes, alejando la posibilidad de lograr una cooperación en pos de una explicación conjunta.

Es necesario exponernos a la diversidad y desarrollar la tolerancia como quien desarrolla un músculo. Es difícil y frustrante, y a veces parece no tener sentido, pero es primordial para el crecimiento personal y para la construcción de una realidad que se acerque de forma cierta a algún tipo de avance; solo así lograremos ser agentes de cambio y progreso en un mundo lleno de estanco y visiones sin sentido.

 

El otro primer alunizaje: logros olvidados de la carrera espacial.

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