El museo es para llevártelo puesto

El director del Macba Ferran Barenblit

“Al museo no hay que venir estudiado, sino que te deje pensando”, dice el director del MACBA. Para Ferrán Barenblit el arte nunca ha tenido tanta audiencia como ahora y la próxima revolución comenzará en un museo.

Ferrán Barenblit (Buenos Aires, 1968) suele decir que la próxima revolución comenzará en un museo. Y a juzgar por sus apuestas, será de arte contemporáneo. Allí lleva décadas intentando fraguarla, primero como asistente curatorial de The New Museum en Nueva York, después como comisario del Espai 13 de la Fundació Joan Miró, y luego ya como director del Centre d’Arts de Santa Mónica, del Centro Dos de Mayo de Móstoles (CA2M) y desde hace tres años del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).

Interesado en tomarle el pulso a las culturas populares contemporáneas, fue en parte a esta visión y exposiciones como “Sonic Youth” (2010), “Pop Politics” (2012), “Halil Altindere” (2013) y “Punk” (2015), que en siete años Barenblit logró atraer renovado público a un centro más bien periférico de Madrid. Colocó así al CA2M en el mapa como centro de arte contemporáneo de referencia, con una inusitada proyección internacional.

En su regreso a Barcelona, coincidiendo con el 20º aniversario del Macba, su discurso como director quizá no sonó tan rupturista. La renovación llegó con una reivindicación de los orígenes y de la colección que, conformada por unas 5.248 obras, pasó a ser el corazón del museo.

En un importante cambio de concepción, “Un siglo breve: colección Macba” expone ahora de forma permanente 194 obras y 165 documentos que repasan todo el siglo XX e inicios del siglo XXI. En una disposición estable, aunque renovando obras, pueden apreciarse piezas que nunca se habían mostrado, como tres pinturas de Basquiat, dibujos de Manolo Quejido de los setenta y serigrafías políticas de Werker Collective.

-Cuando apenas se iniciaba en el Macba hablaba de la necesidad de reconocer su historia, pero al mismo tiempo de “ponerlo en hora”. ¿Qué líneas ha seguido?

-La pregunta que todo museo de arte contemporáneo se hace es cómo permanecer contemporáneo. Pareciera haber una contradicción entre la idea de museo y arte contemporáneo, sobre todo porque cuando defines los límites del inicio cada vez son más largos. Creo que a los 20 años es un buen momento para reflexionar y ver cómo empezamos a leer y reescribir la historia del arte más reciente. Si cuando abrió sus puertas el Macba miró a los finales de los sesenta, al arte conceptual y las tensiones ideológicas de los sesenta y setenta, ahora estamos en la posición de mirar de nuevo unos 20, 22 años atrás. La década de los 90 es fundamental para leerla, no sólo desde las exposiciones, sino desde todas las posibilidades que da el museo. Nosotros no somos fabricantes de exposiciones o de programas. Somos depositarios de una colección y somos agentes de conocimiento.

«El museo no es solo un lugar donde se producen experiencias para la audiencia»

-La concepción tradicional de museo es precisamente esa de garante o centro depositario de conservación histórica, patrimonial, artística…

-Pues creo que estamos en el momento de recuperar esa noción convencional de museo, que tiene mucho que ver con una tuición, con una narración de la historia, con la realización de un relato basado en el conocimiento. No es solo un lugar donde se producen experiencias para la audiencia.  Por supuesto que esto es fundamental, pero para que esas experiencias se produzcan tiene que haber algo detrás. Las exposiciones, la biblioteca, los programas educativos… no dejan de ser un 10%, lo que emerge por encima de la línea de superficie del iceberg.

Fachada Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona - Macba

Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona

-¿Y cómo se visibiliza ese 90% restante? ¿De qué manera se hace valer esa concepción de museo?

-En nuestro caso tiene una aplicación clara: a partir del 4 de octubre (de 2018) presentamos la colección de forma permanente, lo cual es un cambio notable en tanto define la voluntad de la institución de escribir un relato claro, con un criterio. Aunque será flexible, creemos necesario presentar una espina dorsal, donde podamos ver un relato determinado, el relato que puede emitir este museo.

-¿Cuál sería ese relato distintivo del MACBA?

-Lo que define al museo es escribir una historia que dialoga, cuando no discute, con los relatos hegemónicos de la modernidad y la contemporaneidad. El Macba desde muy al inicio se manifiesta como un lugar donde ir a buscar esas lecturas en los márgenes de la historia.

-Siempre ha recalcado que la ironía es clave en la cultura contemporánea. ¿Es ésa una de las vías para generar estos discursos alternos? ¿Las ideas que exponía en “Ironía” (2001), su primera colectiva, siguen vigentes?

-Sí, creo que hay algo con el mecanismo. Es una forma de analizar que define muy bien la contemporaneidad. Porque la ironía es duda y aceptación de la duda. El humor implica una certeza. Pero la ironía duda de sí misma. La ironía no existe, la ironía pasa. Pasa cuando el emisor dice algo y quizá quiere decir lo contrario. Y ese ‘quizá’ es clave. La ironía muchas veces está en el tono. Si hace un día con lluvia, tormenta y nieve, y digo: “Hace un buen día, ¿no?”. Una máquina entendería que hay sol. Pero tú sabes que no digo eso. Lo apasionante es que la ironía pasa cuando genera una complicidad. Genera un código, que no es el que está establecido. Y en una parte bastante importante del trabajo artístico se generan circunstancias similares: plantear una cosa, quizá decir la opuesta… o no. Es ese punto de la imposibilidad de escribir un relato.

-¿Podría comentarnos alguna pieza que presente esta dinámica?

-En la colección tenemos una pieza que es muy fuerte: “La pluie” de Marcel Broodthaers. Allí aparece el artista en un jardín escribiendo un texto, un “projet pour un texte”… y la simple lluvia se lleva el relato. Es la imposibilidad de fijar nada. En “Ironía” también estaba una pieza de Bruce Nauman que para mí es angular: “The True Artist Helps the World by Revealing Mystic Truths”. El statement, el verdadero artista ayuda al mundo al revelar verdades místicas, es muy fuerte, porque implica muchas cosas: que hay un verdadero arte, que hay verdades místicas a las que se puede acceder. ¿Y quién en su sano juicio en los sesenta apelaba a lo místico? Nauman decía que sabía que esa frase no podía ser cierta, pero se la repetía porque le gustaría que lo fuera. Todo esto tiene que ver con descubrir que a partir de cierto momento es imposible escribir un relato. Y ante la imposibilidad de escribir ese único relato, escribimos todas las otras narraciones posibles.

-Cada tanto surgen casos y anécdotas como la de la obra “¿Dónde vamos a bailar esta noche?”, tirada a la basura por los empleados de limpieza en Italia, o el vaso medio lleno de Wilfredo Prieto en Arco, que reabren el debate de lo que se considera arte ¿Qué es el arte contemporáneo actualmente desde su perspectiva?

-Lo mismo que siempre. El arte no ha cambiado. Todo se inventó en las cavernas: había pintura, escultura, grabado, performance, cine… la sombra. Fíjate lo que no ha cambiado que desde entonces nos preguntamos qué es el arte. La misma pregunta se la planteaban los clásicos griegos. El arte es un espacio de pensamiento que nos genera preguntas, que se gira sobre sí mismo para cuestionarse y para hacerlo mediante unos códigos más o menos sofisticados. Opera sobre la no certeza, sobre la generación de nuevas incertezas, sobre generar nuevas preguntas, muchas de ellas sobre el propio arte.

-Pareciera que al visitante se le exige cada vez más manejar previamente esos “códigos más o menos sofisticados” que mencionaba, al enfrentarse a una obra de arte contemporáneo. ¿Hay que estudiar antes de venir al museo?

-El arte contemporáneo es complejo porque el mundo es muy complejo. Pero yo no creo que al museo haya que venir estudiado. Tampoco hay que venir pensando que nosotros tenemos un conocimiento superior al de nuestros visitantes. Al menos yo quiero aprender con la audiencia. Todos los espectadores son en potencia conocedores. Por el mero hecho de venir al museo, ya sabes.

-Un estudio de la Caixa, “Consumo cultural: cuestión de gusto o de precio”, señala que un 41,7% de los españoles con educación básica no tiene interés en acudir a lugares de interés cultural, y relaciona este desinterés con una falta de educación artística.  ¿Considera que ésa es la razón?

-¿Me estás diciendo que tenemos un 60% de los españoles interesados en la cultura? ¡Buenas noticias! (ríe)… En realidad no creo que se vaya poco a los museos. Creo que es una trampa pensar que hay que medirnos por el objetivo de “toda la población tiene que ir al museo una vez al año”. Queremos ejecutar cambios positivos en la sociedad, y quizá para eso no tiene que venir todo el mundo. Por supuesto que tenemos que generar nuevas audiencias, tener propuestas que atraigan y saber explicarlas. Pero a veces eso nos lleva a pensar que solo somos productores de productos que van a ser consumidos por el público. Aquí estamos trabajando más en función del conocimiento y de la capacidad de generar autocrítica. No reniego y no renuncio a tener aquí a cuanto más público, mejor. Pero eso no es todo.

-¿Cómo se generan realmente esas nuevas audiencias? ¿Cómo introducimos a los skaters que están afuera, en las puertas del MACBA, dentro de las salas?

-Los skaters están ahí muy entretenidos, es difícil que entren. También ellos podrían decir: ¿cómo hacemos para que estos salgan de las oficinas y hagan skate? Y conmigo lo tendrían difícil. ¿Cómo conseguir ese público? Obviamente apelando a temas que les interesen. Luego hay que saber explicarlos, lo que es toda una técnica bastante sofisticada y en continuo cambio. Pero las experiencias significativas se pueden generar en todos los niveles. En todo caso, nuestra gran ambición es tener un efecto positivo en la sociedad. Pensamos que se pueden ejercer cambios a partir de la cultura y que la institución cultural es una herramienta para que eso ocurra. Tenemos que mejorar, claro. Pero nunca el arte había tenido tanta audiencia como ahora.

-En una entrevista comentó que “el argumento principal de todo lo que hacemos es un continuo cuestionamiento de la realidad a través del arte”. ¿Cómo le impacta a la comunidad, al ciudadano común, esa generación de pensamiento crítico?

-Hoy estuve con un grupo de chicos y chicas de 12 años, brillantes. A los 12 años yo no tenía esa capacidad de articulación, ni me hubiera parado frente el director de un museo a defender un proyecto. Vi a uno de los chicos y me dije: éste va a ser uno de los que cambie el mundo. Seguramente no podré demostrarlo, pero lo creo, lo creo porque aquí ocurrió algo, una conversación que lo pondrá a pensar mañana y un día eso acabará siendo una revolución, porque habrá estudiado, habrá trabajado, habrá interactuado y habrá aportado. Es posible que no sea así, pero yo lo pienso igualmente, porque es lo que me hace venir a trabajar cada día: hoy vamos a empezar una revolución.

-¿Qué le parece que la obra de Banksy en paredes públicas se termine vendiendo a un coleccionista privado, o que luego esa pared cortada pueda exponerse en un museo? ¿Cómo valora ese proceso de transformar lo punk y público, para institucionarlo y darle un valor económico privado?

-Creo que el arte del siglo XX se podría definir como la voluntad de crear la obra imposible de ser coleccionada y exhibida. Y la historia de los museos del siglo XX es el intento de hacer exponible y coleccionable la obra que había sido creada para no serlo. Banksy hace esas piezas posiblemente siguiendo esa idea, sin embargo, viene otro las arranca y se las lleva. Esa tensión define gran parte del siglo XX y del siglo XXI. También se veía en nuestra exposición de Massota.  Hay piezas que nunca fueron hechas para estar en un museo, pues nosotros las exponemos. Insistimos en ello, es parte de la historia del arte. También le ha pasado al arte religioso, a la estatuaria grecoromana y hasta a las momias egipcias, que no son arte, pero que han acabado como cuerpos humanos expuestos en un museo.

-Desde el CA2M viene trabajando con la música con exposiciones como “Sonic Youth”, “Pop Politics” y “Punk”, que luego se trajo ampliada al Macba en “Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo” (2016). ¿Qué aporta la óptica de la música al análisis o al desarrollo del arte visual?

-A mí me interesa constatar que la música ha servido de fuente de inspiración o ha precedido gran parte de las cosas que luego han sucedido en las artes visuales. En muchas cosas ha ido por delante. Por ejemplo, “Pop Politics” hablaba de cómo la agenda política de las artes visuales en el fondo seguía bastante la música en cuanto a formas y en fondos. “Punk” hablaba de un viaje de ida y vuelta, pero también de que había una idea que estaba flotando en el aire, en toda la cultura occidental, y el que le pone el nombre es un movimiento musical. El punk estaba ahí, vinieron los Sex Pistols, le pusieron nombre y continuó. Y es curioso que de los movimientos del siglo XX, el punk es el único o de los pocos que puedes seguir usando. Recuerdo que cuando invitábamos a los artistas a la exposición, todo el mundo decía: yo me siento muy punk. Pocos dirían hoy “me siento muy pop”, o “me siento informalista”. La música tiene ese punto de ser un espejo más amplio. También una capacidad de producción muy inmediata, fresca y dotada de una industria poderosa. Eso ha sido una fuente de riqueza muy grande.

-¿Por qué alguien debería venir al museo? ¿Por qué venir al MACBA?

-A disfrutar. Yo voy a disfrutar, para vivir experiencias significativas y para darme cosas para pensar durante varios días. La visita al museo tiene que durarme en la cabeza.

-¿Entonces no hay que estudiar antes de venir, sino salir pensando?

-Exacto. Esa me la quedo: no estudies para venir, sino quédate pensando. Al museo no hay que venir estudiado, sino llevártelo puesto.

 

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