Drácula, instrucciones para revivir a un no-muerto

La serie de la BBC recupera aquel Drácula de Christopher Lee como estética, pero rompe con casi toda la tradición del vampiro, transformando al personaje en un ser contemporáneo. Así, lo creadores de Sherlock (2010), resucitan y actualizan el personaje clásico.

A estas alturas ya podemos decir que 2020 es un año lleno de horrores. En el momento de escribir este artículo, el más obvio es la pandemia global y consecuente epidemia de ladrones de papel higiénico en una primera fase y aporreadores de cacerolas con pocas luces en una segunda. Pero si hay que hablar de pocas luces, el año empezó con el retorno del señor de las tinieblas.

Drácula de Bram Stoker (Ford Coppola, 1992)

Drácula desembarcó en Netflix en enero, como anunciando que este año iba a ser algo terrorífico. Revivido por los creadores de la aclamada Sherlock, Steven Moffat y Mark Gatiss. este Drácula se aleja de Vlad Tepes, y, por tanto, de la mediocre película Dracula: la leyenda jamás contada (2014), una de las últimas iteraciones cinematográficas, y de la para nada mediocre serie Castlevania. El Drácula interpretado por Claes Bang que se acerca más a la representación clásica de Christopher Lee.

“La serie de la BBC muestra que muchos de los personajes originales [de Drácula] son innecesarios”

Llama la atención el hecho de que haya sido precisamente este “look” de mirada intensa, cejas pobladas y pelo echado para atrás el elegido para este nuevo-no-tan-nuevo Drácula.  Nada de melenas y vampiros delicados a lo Anne Rice, aquí tenemos al “hombre de antes”, un vampiro que huele a Varón Dandy, cuyo aspecto poco tiene que ver con la delicadeza del chupasangre actual.

El nuevo Drácula se toma unas cuantas licencias al más puro estilo Marvel “What if…” ¿Esto es bueno o malo? Quizás para responder a esa pregunta haga falta ir a la obra original.

Novela original de 1897

Seamos sinceros: la obra original de Bram Stoker (1897) no ha aguantado bien el paso del tiempo. La novela intenta atrapar al lector con el “misterio” de la naturaleza y los planes de Drácula, con unos personajes que no comprenden bien ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, tras una gran primera parte en la que se desvela lo suficiente de Drácula para mantener enganchado al lector, llega una parte central lenta y aburrida donde Stoker deja pistas de los planes de Drácula a diestro y siniestro y sin ninguna sutileza… y sin embargo, los personajes siguen desorientados. Que digo yo que cuando aparece por tercera vez un murciélago grande sobre la casa, pues igual hay que sospechar que, por lo menos, algo raro está ocurriendo. El lenguaje de algunos pasajes se hace también raro. Por ejemplo, la noticia acerca del naufragio del Demeter tiene un estilo que, probablemente, en la época en la que se escribió era habitual, pero que hoy en día no se vería ni en la columna más torticera y subjetiva de OKDiario. Incluso, el aspecto del propio Drácula, tal cual está descrito en la novela, daría un poco de risa hoy en día, ya que el conde siempre tiene los colmillos fuera de la boca, sobre los labios inferiores, como un ciervo copetudo.

Nosferatu (F. W. Murnau, 1922)

Drácula marca un hito en la literatura por lo que originó más que por la calidad del material en sí mismo: creó uno de los monstruos más reinterpretados de la historia. Pocas criaturas han sido tan exploradas en la cultura popular como el vampiro y, de hecho, la corriente literaria que fundó el rey de los chupasangres le ha adelantado por la derecha. Drácula, el personaje, huele a naftalina. Si fuera humano, vería toros, votaría a la derecha más recalcitrante y se quejaría de que la música de hoy en día es una mierda.

Opino que a Drácula le vendría muy bien un lavado de cara, una reescritura en algunos pasajes y una pequeña adaptación en el ritmo. Y quizás, esta reescritura llevada al extremo es lo que ha hecho la nueva serie de Drácula de la BBC. Que, sin ser perfecta, adapta bastante bien al vampiro al “storytelling” de las series modernas.

Christopher Lee en Dracula: Prince of Darkness (Fisher, 1966)

La serie huele a Steven Moffat y a Mark Gatiss por todas partes. Los guionistas han decidido “humanizar” al vampiro dándole fobias, inquietudes filosóficas del hombre contemporáneo y un final con un giro nihilista que sorprende y que no se espera en absoluto. Pero claro, tampoco te esperas que una serie acabe en el episodio 3. Hubiera entendido una serie de tres episodios que se ciñera más al material original, pero si ya te desvías tanto desde la historia, omitiendo incluso el rol que tienen algunos de los personajes en la novela después de la mitad del libro (como Jonathan Harker), eliminando a otros completamente (Lord Godalming) y transformando a otros personajes críticos en secundarios (Seward)… pues no sé, ¿qué más te da hacer tres episodios más y que la serie no de una sensación de coito interruptus?

“…Un nuevo Drácula que mezcla la estética antigua con el tono moderno”

De hecho, la serie de la BBC muestra que muchos de los personajes originales son innecesarios y que otras partes, podrían haber dado mucho más juego si no hubieran tenido que haberse ceñido al estilo de “diario encontrado” que Stoker eligió para la novela original. El ejemplo más claro de esto es el capítulo 2, donde se cuenta la historia del viaje del conde a Inglaterra de una manera mucho más interesante. Si pudiéramos ordenar los capítulos de más fieles a la trama original, iría así: capítulo 1, bastante fiel; capítulo 2, una vuelta de tuerca; capítulo 3, fuck the police.

Claes Bang en Drácula (2020, serie BBC)

El final es lo suficientemente cerrado para que la serie acabe ahí y lo suficientemente abierto para que pueda haber una continuación que, a día de hoy, no está confirmada. Meses después del estreno seguimos sin noticias del vampiro. Quizás Gatiss y Moffat no cosecharon el éxito que necesitaban para lanzarse a producir más episodios, lo cual es una pena, porque ha resultado bastante refrescante ver a un nuevo Drácula que mezcla la estética antigua con el tono moderno y que, aunque retuerce totalmente el material original… de algún modo, lo resucita con un aspecto rejuvenecido.

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