De los memes al tik tok: las nuevas armas del museo

Para Conxa Rodà Hay graffiti (…) de mucha calidad, y en cambio se han visto exposiciones o libros pésimos. La especialista en estrategia digital y comunicación de importantes museos como el Picasso o el MNAC nos cuenta las nuevas formas que tienen los museos de conectar con la gente.

Bienvenidos los memes, los GIF, las Instagram Stories, el juego y la cocreación. Para Conxa Rodà ha llegado el momento de desacralizar el arte. “Las obras se mantendrán vivas solo si son conocidas, usadas, interpretadas, recreadas”, asegura esta impulsora de las nuevas tecnologías en el sector cultural desde hace 15 años, quien hasta este enero liderara el área de Comunicación y Estrategia Digital del Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC).

Centrada ahora en la academia, como co-directora del curso de especialización en Estrategia Digital en Organizaciones Culturales de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Rodà dirigió antes el proyecto de Internet y redes sociales en el Museu Picasso de Barcelona, fue codirectora del congreso MuseumNext Barcelona (2012), ha sido jurado de los Best of the web awards del programa Museums & the Web y desde hace más de una década viene analizando la evolución de los museos en la sociedad.

«¿qué nos permite lo digital que no podemos hacer en el mundo físico?»

“Los museos han pasado de ser transmisores de conocimiento a ser más facilitadores de experiencias, de interpretaciones, de co-creación”, asegura. A su juicio, el giro ha sido centrarse en el visitante, “que es en definitiva el destinatario de lo que se conserva en los museos y lo que les llena de sentido”. Así, los museos deben hoy atraer nuevos públicos,  “pasar del impartir al compartir, de la academia a la comunidad, del emitir al dialogar”.

-En 2017 La Vanguardia titulaba: “El reto de atraer a los jóvenes y las familias a los museos de arte”, señalando la falta de interacción como una de las grandes fallas. ¿Cómo es la relación de los museos con las audiencias más jóvenes?

-El público joven es el gran ausente de los museos. Se suele producir un gap desde que dejan de venir en el entorno escolar o académico, hasta bien entrado los 30. Para atraer a este público hay diferentes tácticas, desde la apertura en horario nocturno, hasta facilidades de gratuidad de acceso, concursos, gamificación, actividades y talleres que respondan mejor a sus intereses e, incluso, salir fuera del museo. Pero sigue siendo difícil. Los museos deberán esforzarse más si quieren ser relevantes para el segmento joven. En esta línea hay dos iniciativas del MNAC que destacaría: la acogida durante unas semanas de jóvenes ilustradores de la Escola Eina, que terminó en una exposición montada por ellos mismos; y la colaboración con el Saló del Còmic, con presencia en el evento y exponiendo cómics en el museo. Un buen ejemplo internacional es la Tate que desde hace años cuenta con un Director of Young People’s Programmes.

Museo Nacional de Arte de Cataluña – Fotografía de Cha già José

-¿Las redes sociales pueden ayudar a conectar con estas nuevas audiencias?

-Es un poco mito pensar que las redes sociales son clave en la captación de público joven. Lo son para conectar con el público en general, sobre todo si se hace bien con contenidos interesantes y se huye de la promoción. En todo caso se atraerá a los jóvenes solo si se plantea alguna iniciativa concreta atractiva, que tenga gancho. Instagram y las Instagram Stories, buenos vídeos en Youtube o aprovechar puntas de tracción social como ahora Tik Tok pueden ser buenos recursos.

-El año pasado, en el Museo Nacional de Arte de México (Munal), se impartió un taller de memes a cargo del Instituto Nacional de Bellos Memes, una página en Facebook dedicada a crear y distribuir memes. ¿Cree que los memes pueden generar un punto de encuentro con públicos diferentes a los que hoy van a los museos?

-Sí, cualquier iniciativa que invite a la participación y a la creatividad puede ser muy potente. Diversos museos están abriendo sus obras para que los usuarios “jueguen” con ellas. Bienvenidos los memes, los GIF, la recreación escenográfica de las obras como en el proyecto “Van Go Yourself”,  o el famosísimo ejemplo del Rijkstudio, que ya contiene más de 100.000 creaciones hechas por los usuarios, a partir de la colección del Rijksmuseum. Hay que “des-sacralizar” el arte. Las obras se mantendrán vivas si son conocidas, usadas, interpretadas, recreadas.

-Al principio, los museos al igual que las casas discográficas, las editoriales, etc., consideraron a Internet y a las redes sociales como una amenaza. ¿La visión ha cambiado? ¿Ha sido difícil para los museos adentrarse en el mundo digital?

-Más que como amenaza, pienso que inicialmente no se detectó la magnitud de lo que sería Internet, ni el impacto social de las redes sociales. El sector cultural fue lento y los museos más lentos todavía. Pero ya hace tiempo que se han lanzado de lleno. Y sí, ha sido –está siendo- difícil por múltiples factores, desde vencer resistencias internas y abrir la mentalidad a ese nueva dimensión digital, a la escasez de recursos, una infraestructura tecnológica quizá obsoleta, la falta de formación en habilidades digitales, un ritmo lento de digitalización de las colecciones, la no inclusión de lo digital desde el inicio de los proyectos o considerarlo como un silo aparte y no integrar transversalmente la dimensión digital en toda la organización. Se ha avanzado mucho, pero hay que seguir.

«Neutralizar la percepción de que ‘el museo no es para mí'»

-¿Qué instituciones culturales considera están liderando la transformación digital?

-Destacan diversos museos con proyectos singulares: una colección online muy amplia y bien documentada (Prado, Fundació Dalí), un videojuego participativo (Thyssen), una app innovadora (Second Canvas, en diversos museos), una nueva audioguía interactiva (Museu Nacional d’Art de Catalunya), la emisión de videos diarios por Instagram (Prado), un mapping (Taüll), el uso de 3D (Museu Episcopal de Vic), el aprovechamiento de la realidad virtual en un sitio arqueológico (Ullastret)… y me dejo muchos.

-¿Qué tan profundamente han impactado las nuevas tecnologías en los museos?

-El entorno digital, la hiperconectividad, los nuevos usos sociales, el tiempo real… todo ello complica el panorama. Pero la tecnología no es el tema. La tecnología es un instrumento que nos permite conectar con los usuarios: hacer las colecciones más accesibles, mejorar la experiencia de la visita, atraer a nuevos públicos, crear comunidad, dar visibilidad al trabajo científico y, según cómo, también incrementar ingresos. La pregunta clave es ¿qué nos permite lo digital que no podemos hacer en el mundo físico? Lo óptimo es desarrollar soluciones integradas a través de canales físicos y digitales para proporcionar una experiencia enriquecida, consistente, personalizada, contextual.

-¿Qué significa el término engage en el mundo offline para un museo?

-Significa saber conectar con el público. Neutralizar la percepción de que “el museo no es para mí” o “yo no entiendo de arte”. Hacer que la visita sea una experiencia enriquecedora y de calidad, ofrecer museografía interpretativa, dar contexto, propiciar que el visitante observe, aprenda, disfrute, se cuestione, despertar la creatividad, el pensamiento crítico. Conseguir que ir a un museo sea sinónimo de ir a un sitio interesante. Si los museos ofrecen esa calidad de experiencia, si se preocupan por mantener el contacto después de la visita, conseguirán un mayor engagement, una mayor implicación del público y mayor relevancia social.

-Gracias a las nuevas tecnologías hoy tenemos más datos que nunca. ¿Pero sabemos interpretar esos datos? Centrándonos en los grandes números, ¿no estará pasándonos lo que denunciaba la frase de Nicanor Parra: “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”?

-Ése es un tema clave. Se recogen gran cantidad de datos –muchos todavía por diferentes sistemas no integrados- y puede faltar conocimiento o tiempo para analizarlos. Pero si no se extraen conclusiones ni se toman decisiones en función del conocimiento que aportan, resulta improductivo recogerlos. Extender una cultura analítica a toda la organización es un reto pendiente. Respecto a los grandes números, se ha conseguido “minimizar” la importancia de los datos cuantitativos y dar valor a lo cualitativo. Museos locales, pequeños o muy especializados no pueden tener como objetivo sólo el incremento de visitantes. Y los grandes deben también focalizar su atención hacia indicadores de calidad como la satisfacción de los visitantes, la experiencia de visita, la oferta de programas públicos, el índice de ocupación de las actividades, proyectos de investigación desarrollados, préstamos de obras, itinerancia de las exposiciones, alianzas con terceros, etc.

-¿Cree que la palabra “cultura” en los museos tiene una connotación diferente a cuando hablamos de graffiti o de series de televisión?  

-Es cierto que se suele asociar la idea de museo con una concepción más tradicional de la cultura, más de “alta” cultura, si eso existe. Pero para mí cualquier vertiente creativa, artística, científica, etc. puede ser Cultura en mayúsculas. Hay graffiti, cómics o series que son de mucha calidad, y en cambio se han visto exposiciones o libros pésimos. Creo que aplicar una valoración de calidad asociada al formato es generalizar de manera inadecuada. Nos podemos llevar auténticas sorpresas si se está abierto a diversas formas de creatividad e innovación

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